Trascribimos aquí la visión del Decano del Centro de Estudios de los Dominicos del Caribe. Publicada en El Nuevo día el 19 de septiembre de 2009. Extraodinaria lectura de éste sacerdote que comparte sus experiencias.
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La preocupación (est)ética del DE
Me confieso: soy un sacerdote católico producto del sistema de educación pública de Puerto Rico. Soy un sacerdote católico que desde su adolescencia, mezcló la fe con la literatura. Todo gracias a los excelentes maestros de español que tuve en escuela superior.
Jamás olvidaré cuando, algo tímida, mi maestra de undécimo grado, al notar mi debilidad aún inconfesa por la narrativa, me pasó, como por contrabando, “El hermano asno” del novelista chileno Eduardo Barrios.
Mrs. Juarbe, no obstante sospechaba que yo tenía un deseo oculto por el sacerdocio, puso en mi fantasía aquella novela que presentaba los dilemas de un fraile que había cedido a la tentación carnal. Me la devoré en dos días. Desde entonces, no logré deshacerme de la tentación de dedicarme por entero a las palabras y a la Palabra.
Llegó el grado duodécimo, y en la clase de español avanzado fue que leímos “Aura”, esa sublime novela del mexicano Carlos Fuentes.
La impresión que me dejó aquella historia y el artificio de un relato, uno de los únicos en su clase, narrado en segunda persona, me llevaron a que, cuando decidí hacer un doctorado en Literatura Brasileña en Brown University (Providence, Rhode Island), mi tesis versara, precisamente, sobre los artificios del género de la novela.
Todo por culpa de un maravilloso maestro de confesión pentecostal que enseñó con devoción inusitada un texto que ahora han vedado a jóvenes como el que fui yo.
Sacerdote y profesor de teología, con un doctorado en literatura, ¿qué hubiese sido de mí como ser humano, como académico y como cristiano, sin haberme enfrentado a Ana Lydia Vega, a José Luis González o Edgardo Rodríguez Juliá aún en mis años púberes?
Agradezco al Dios en el que creo, que no han sacado de carrera al “Quijote”, en cuyas páginas sobran las escenas de referencia erótica y hasta escatológica. Tal vez no se han percatado de que en “La charca” de Zeno Gandía, puede haber escenas demasiado violentas para un jovencito de décimo grado o que pueda ser nocivo leer a René Marqués dada su biografía. ¿Se han dado cuenta que el “Cantar de los Cantares” bíblico presenta un contenido altamente y explícitamente sensual y que ha servido por siglos para inspirar las más profundas obras místico-teológicas?
Me pregunto si el Departamento de Educación habrá basado su censura en algún estudio científico que demuestre que esa parte de la población puertorriqueña que, lamentablemente, ha caído en la herida del vicio, la violencia, el crimen o la indecencia pública, ha sido precisamente la que se leyó “El entierro de Cortijo” cuando estaba en escuela superior.
Miro hacia atrás y recuerdo que quienes sí leíamos con gusto los cuentos de “Reunión de espejos”, por ejemplo, ahora somos, modestia aparte, profesionales responsables con un alto sentido ético y ciudadano.
Tal vez un sacerdote católico no sea el mejor para aportar en un diálogo sobre la censura en una sociedad democrática.
Sin embargo, con toda humildad histórica, puedo afirmar que la estética, profundamente comprendida, siempre causará un efecto ético en la persona. Las palabras no son ni buenas ni malas. Sólo su estructura sintáctica en el todo de un contexto de sentido va a comunicar un contenido que puede o no llevar a la imaginación ética o al desvalor. Y sólo puede. El mundo de desconstrucción mental del joven ha de ser educado para ello.
Para eso están los buenos maestros como Mrs. Juarbe y Mr. López que nos enseñaron a encontrar una ética en la estética, por más soez o primorosa que ella nos aparezca.”



Me parece excelente la aportación del sacerdote y maestro Yamil Samalot en referencia al tema de los libros censurados por el Departamento de Educación de Puerto Rico. Gracias por publicarlo en el Blog y gracias por invitarme a participar de este. Me parece que ahora los jóvenes tendrán más curiosidad aún por leer estos libros… eso es lo que espero… y si seguimos hablando del tema y más… la motivación por la lectura no cesará.
Gracias Balbina por tus palabras.